Cuenta remunerada vs cuenta estándar: ¿cuál elegir?

Elegir una cuenta corriente parece algo sencillo, casi automático. Entras en un banco, te ofrecen “la de siempre” y listo. Pero en 2026 eso ya no es suficiente. Tu cuenta puede ser un simple cajón donde el dinero duerme o una herramienta que te ayude a proteger tu poder adquisitivo. Y esa diferencia, aunque no lo parezca, se nota mucho más de lo que imaginas a final de año.

La cuenta estándar es la de toda la vida. Con ella cobras la nómina, pagas los recibos, sacas dinero del cajero y poco más. Cumple su función, pero no te da nada a cambio por tener ahí tu dinero. En la mayoría de casos la rentabilidad es cero o tan baja que ni merece la pena mencionarla. Es cómoda, sí, pero mientras tu saldo está quieto, la inflación sigue haciendo su trabajo en silencio y cada mes tu dinero vale un poquito menos.

La cuenta remunerada juega en otra liga. Sigue siendo una cuenta corriente normal, con tarjeta, transferencias y domiciliaciones, pero con un detalle clave, te paga intereses por el saldo que mantienes. Es decir, el banco te da una TAE por tener tu dinero ahí. Hoy en España hay cuentas que rondan entre el 1,5 % y más del 3 % según el saldo y las condiciones. No te vas a hacer rico, pero sí puedes evitar que tus ahorros se queden completamente parados.

Por qué ahora tiene sentido fijarse en las cuentas remuneradas

Durante años hablar de intereses en una cuenta corriente era casi una broma. Todo estaba al 0 % y daba igual dónde tuvieras el dinero. Eso ha cambiado. Con los tipos de interés en niveles más altos, los bancos compiten por captar ahorro y han vuelto a pagar por él.

Aquí está el primer punto importante. La remuneración suele tener límite de saldo. Por ejemplo, te pagan un buen interés hasta 50.000 euros y a partir de ahí, nada. Esto no es malo, simplemente tienes que saberlo para no llevarte sorpresas. El segundo punto es que no todas las cuentas remuneradas son iguales. Algunas te piden nómina, otras uso de tarjeta, otras cumplir un número mínimo de operaciones. Si no cumples esos requisitos, la rentabilidad real baja mucho.

Lo bueno es que también existen cuentas remuneradas muy sencillas, sin comisiones, sin permanencias raras y sin ataduras. Cuentas pensadas para que tu dinero esté siempre disponible, como en una cuenta normal, pero trabajando un poco para ti. Esa combinación de liquidez y rentabilidad es lo que las hace tan atractivas ahora mismo.

Cuenta remunerada o estándar: la elección inteligente según tu perfil

Aquí no hay una respuesta única válida para todo el mundo. Depende de cómo uses tu dinero.

Si tu cuenta es solo una “cuenta puente”, entra la nómina y sale casi todo en gastos, una cuenta estándar sin comisiones puede ser suficiente. Te simplifica la vida y no te obliga a cumplir condiciones. Pero si tienes un colchón de ahorros que no vas a tocar a corto plazo, dejarlo en una cuenta que no paga nada es regalarle dinero al banco.

En ese caso, la cuenta remunerada tiene todo el sentido del mundo. Ganas intereses sin renunciar a la liquidez, puedes sacar tu dinero cuando quieras y sigues teniendo una cuenta corriente completa. Es una forma muy sencilla de empezar a cuidar tus finanzas sin meterte en productos complicados ni asumir riesgos.

Eso sí, conviene comparar bien antes de elegir. Fíjate en la TAE real, en el saldo máximo remunerado y en los requisitos. A veces una cuenta con un 3 % espectacular acaba siendo peor que otra con un 2 % más sencillo de cumplir. La mejor cuenta no es la que más promete, sino la que mejor encaja contigo.

Al final, la decisión es simple. O dejas tu dinero quieto en una cuenta estándar y aceptas que la inflación se lo vaya comiendo poco a poco, o das un pequeño paso adelante y eliges una cuenta remunerada para que tu dinero empiece a trabajar contigo, aunque sea despacio. Y créeme, ese pequeño paso marca una diferencia enorme con el paso del tiempo.

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